sábado, 29 de junio de 2013

Menudencias II

"...después sentía la boca sucia, duraba un momento; algunas veces tomaba un relevo de resistencia. Pero siempre cedía. Compartir el mismo masticable de menta mientras caminábamos tomados de la mano no estaba mal. Pero que su boca se convirtiese en la herramienta con la cual me alimentara, no hacía más que recordarme el raro hábito de las aves para alimentar a sus pichones. Era yo como un pingüino adoptado por un gorrión hembra de pechera rosa. Así lo imaginaba…” 

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